martes, 11 de octubre de 2011

Aunque todavía esté anocheciendo.


Se ríen. Abren los cajones, desvelando sus secretos, divirtiéndose juntos. Separados, se llaman de vez en cuando para mostrarse incluso el más pequeño y estúpido hallazgo y todo les parece mágico, importante, increíble. Step quita el maletín de la moto y entra de nuevo en la casa. Poco después, la llama. Babi entra en la habitación. El ventanal da sobre el mar. El sol parece hacerles guiños. Lentamente, se va hundiendo en silencio por el horizonte lejano. Aquel último gajo considerado tiñe de rosa las nubes esponjosas que hay esparcidas algo más arriba. Su reflejo casi adormecido corre a lo largo de una estela dorada. Atraviesa el mar para apagarse sobre las paredes de aquella habitación, entre su pelo, sobre las sábanas, recién puestas. 
- Las he comprado yo, ¿te gustan?- Babi no contesta.
Mira a su alrededor. Un pequeño ramo de rosas rojas reposan en un jarrón que hay junto a la cama. Step trata de quitarle hierro a la situación con una broma. 
- Te juro que no las he comprado en le semáforo...
Abre el maletín.
-¡Y voilá!
Dentro el hielo está ya casi medio derretido pero todavía quedan algunos cubitos flotando. Step saca una botella de champán con dos copas envueltas en papel de periódico.
- Para no romperlas. - explica. Luego, del bolsillo de su cazadora saca una pequeña radio.
- No estaba seguro de que hubiera una.
La enciende, la sintoniza sobre la misma frecuencia del estéreo de la casa y la coloca sobre la mesita. Un pequeño eco Certe notti inunda la habitación.
- Casi parece hecho adrede...aunque todavía esté anocheciendo. 

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